Nueva Era

Artista: Sgt-lonely

Y llegó, por fin, montado en su dragón celestial. Una flor de loto se abrió majestuosa para acoger su pie desnudo. En la diestra empuñaba una espada y en su mano izquierda sostenía la cápsula que iba a salvar a la humanidad de las tinieblas. Su llegada dio inicio a una nueva era, en la que la Verdad, la Sabiduría y la Luz reinarían la Tierra.

Otra de mis tríadas: Ilustración + microrrelato + música. Recomiendo disfrutar todo a la vez. Espero que te guste.

Lídia Castro Navàs

Conexión elemental

Su conexión con la naturaleza le permitía capar los elementos como ninguna otra persona. Ella sabía que no eran cuatro, ni siquiera cinco. Había un total de seis elementos. Los que todo el mundo podía ver: fuego, tierra, agua y aire. Y dos más que se escondían tras el burdo nombre de éter, que en realidad eran: luz y fluido astral. Gracias a ellos podía comprender la realidad del plano terrenal de forma mucho más precisa.

Otra de mis tríadas: Ilustración + microrrelato + música. Recomiendo disfrutar todo a la vez. Espero que te guste.

Lídia Castro Navàs

Mientras renacía

Artista: Marinelsheu

El aroma del palo santo y del té recién hecho se entremezclaban en la habitación. No sabía cuánto tiempo estaría ahí, pero el cálido abrazo del ambiente la reconfortaba, mientras veía el color cambiante del cielo a través de la ventana. No iba a perderse ningún atardecer mientras renacía.

Otra de mis tríadas: Ilustración + microrrelato + música. Recomiendo disfrutar todo a la vez. Espero que te guste.

Lídia Castro Navàs

Va de música (2)

Tal y como he dicho en diferentes ocasiones, la música es una parte muy importante en mi proceso creativo.

Durante la escritura de La bruja, la espada y la hija del herrero, que está en proceso de revisión y en primavera verá la luz, escuché un montón de música muy variada. En la entrada anterior:  “Va de música (1)” compartí tres canciones que mezclaban la rumba y el funk; esta vez, el estilo es indie pop  y los grupos que he escogido son: Izal, Dorian, Vetusta Morla y Supersubmarina (me he limitado, pues me faltaría Love of Lesbian, Sidonie y Los Planetas, pero no quiero agobiar al personal jajaja).

Y para que disfrutéis todavía más de la música, ahí va una PRIMICIA sobre la nueva novela: ¡Incluirá ilustraciones en el interior! 🙂 Realizadas por Andrea Obregón.

 

¿Os han gustado las canciones? ¿Y la primicia? 😉

Lídia Castro Navàs

Va de música (1)

Como ya os dije en una ocasión, la música me acompaña a la hora de escribir. Y, mientras avanzaba mi próxima novela: La bruja, la espada y la hija del herrero, también escuché canciones muy diferentes. No puedo poneros todo lo que me gustaría, así que he seleccionado unas cuantas que voy a mostrar en distintas entradas.

Hoy os traigo tres intérpretes con un tipo de música muy similar (al menos para mí) y que mezclan géneros como el pop, la rumba y el funk. Ellos son Bebe, Macaco y Huecco. Son tres canciones tranquilillas 😉

Espero que las disfrutéis. ¡Buen fin de semana!

 

 

 

Lídia Castro Navàs

La melodía del piano

Llovía. La humedad del ambiente empapaba mis pensamientos, que volvían a perforar mi dolorida alma. Y entonces escuché esa dulce melodía. Dejé que la música guiara mis pasos hasta el lugar de donde procedía. Cuando llegué al local, él estaba sentado frente al brillante piano y sus manos acariciaban las teclas blancas y negras con el cuidado de un cirujano. Me senté a sus espaldas, cerré los ojos y me dejé fluir hasta que todo el dolor se desvaneció por un instante.

@lidiacastro79

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En un día primaveral

Me encontraba dormitando dentro del acogedor tronco del árbol que me daba cobijo. Se trataba de un roble robusto y viejo. Más vetusto que mi propia y longeva existencia. Era mi hogar desde hacía tanto, que ya no podía acordarme de la primera vez que lo habité. Nos cuidábamos y protegíamos mutuamente. Como dríade, me deleitaba con esa función que me había tocado asumir y ya no podía imaginar mi vida realizando otra tarea que no fuera esa. Mi historia en particular no era merecedora de mención, pero, en cambio, las memorias de mis antepasadas eran dignas de llenar las crónicas más célebres. Algunas de mis antecesoras vivieron en el Jardín de las Hespérides, y una de ellas era la encargada de proteger y cuidar del manzano de frutos dorados. Me enorgullecía enormemente poder afirmar que mi existencia estaba ligada a aquella dríade en particular.

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Dríade, Evelyn de Morgan

Y volvía a sonar la música a lo lejos. Ese tipo de música animada que hace que los pies se muevan solos y el corazón dé saltos de alegría. La melodía interrumpió mis pensamientos. Poco a poco, se fue aproximando y haciéndose cada vez más audible. Salí del tronco lentamente, desperezándome, para ver a qué se debía tanta algarabía; aunque ya imaginaba quién podía ser…

Era Apolo, que se acercaba con su séquito de ninfas danzarinas revoloteando a su alrededor. Apolo siempre hacía honor a su cargo como dios de la música y de la belleza y de forma constante iba acompañado de ambas.

Iban danzando y en sus manos sostenían copas que contenían un elixir de tonalidad borgoña. Se trataba de vino que Dionisos repartía entre sus más allegados y que tenía unos efectos desinhibidores en cualquiera que se lo llevaba a la boca. Los vaporosos vestidos de las ninfas se mantenían como suspendidos en el aire al compás de sus gráciles movimientos. Y sus risas, contagiosas en desmesura, me obligaron a unirme a su júbilo de forma irremediable.

Entre el séquito que acompañaba al dios había muy buenas amigas mías, ninfas como yo, aunque con ocupaciones muy diversas. Algunas habitaban en fuentes de agua dulce, donde procuraban que los sedientos caminantes saciaran su sed. Otras residían en las montañas y grutas cerca del mar, lugares que custodiaban con complacencia, a la espera de poder refugiar a algún marinero extraviado. También solían acompañar a Apolo las nueve hermanas musas, ninfas de la inspiración. Cada una de ellas infundía la motivación necesaria a artistas en muy diversos ámbitos como la poesía, el teatro, la pintura o la historia.

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Hylas y las ninfas, John William Waterhouse

Todas ellas descuidaban por un tiempo sus labores para poder disfrutar de la compañía del dios y dejar fluir todos sus sentidos a través de la danza y la música. Esa mañana soleada de abril me uní a ellas. La primavera empezaba a despuntar y el bosque se estaba llenando de vida. En los nidos, que se sostenían en las copas de algunos árboles, ya asomaban los picos de hambrientos polluelos que reclamaban alimento. Los capullos comenzaban a abrirse y a llenar de colores y perfume las zonas bajas gracias a la influencia de Flora, la diosa de las flores. Incluso se podían intuir los preciados frutos que pronto llenarían las ramas de los árboles frutales.

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Flora y los céfiros, John William Waterhouse

Me dejé fluir por el ritmo de la música y por el cálido tacto del sol sobre mi blanquecina piel. Saboree el delicioso aroma de la ambrosía que llenaba mi copa dorada y dancé como si no existiera un mañana…

@lidiacastro79