No me duelen las lágrimas perdidas

Desesperación

Collage hecho por mí con Canva. 

A veces vuelven a asomar las náuseas por mis ojos

y la amenaza del vómito me deja sin respiración.

No me duelen las lágrimas perdidas.

 

Siento esa sensación en el pecho, de encogimiento;

un agujero negro que crece veloz y sin descanso, inevitable.

No me duelen las lágrimas perdidas.

 

Me asaltan los pensamientos recurrentes

que apagan toda esperanza y oscurecen mi luz.

No me duelen las lágrimas perdidas.

 

Lo que me duele es el tiempo…

el tiempo perdido anhelando una ausencia.

 

Lídia Castro Navàs

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No me acostumbro

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Foto: Pixabay

Salí a la calle. Era un sábado por la mañana y lucía el sol, pero muchas sirenas sonaban al unísono. ¿Será un accidente?, me pregunté. No estaba segura.

Me dirigí al mercado. De repente, la voz de una mujer llegó a mis oídos:

—¡Se me escapa la vida, se me escapa la vida! —gritaba angustiada.

Pude captar su inquietud y la hice mía. Una profunda tristeza me embargó hasta provocarme el llanto; un llanto que intenté disimular con mis gafas de sol. Aceleré el paso con la respiración entrecortada y me alejé de allí. Estaba lleno de gente que se acercaba curiosa a mirar, violando la intimidad de un momento crítico. ¿Cómo podían estar ahí impasibles? No lo entendía…

Una mujer murió en la calle esa mañana. Ya estaba muerta cuando los sanitarios llegaron; ya estaba muerta cuando yo salí de mi casa.

Aún no me acostumbro a que los espíritus me hablen.

 

Lídia Castro Navàs

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Tu ausencia me mata

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Foto: Pixabay.com

Ya no estás y las noches sin ti son más oscuras.

La pena invade cada rincón de mi alma en tu ausencia,

y no puedo evitar el llanto.

Cierro los ojos y me abrazo a la almohada,

mientras te veo en mis pensamientos: emitiendo esa brillante luz.

Tu ausencia me mata… Te prefiero llena que nueva.

¡Vuelve, mi luna!

Lídia Castro Navàs