Dolor 

Siento un dolor enorme. No duermo bien, me cuesta comer, ya no sonrío como antes…

Todo el mundo parece que ha vivido la situación y me dice lo mismo: “necesitas tiempo”, “te acostumbrarás“, “intenta no pensar en ello”…

Suena fácil, pero… ¡¿Cómo no voy a pensar en ello si tengo la boca llena de hierros?! ¡Maldito sea el día en que acepté ponerme ortodoncia!

@lidiacastro79

Hacer frente a tal batalla

 

Bajo la sombra de un olmo descansaba después de librar una cruenta batalla. A su lado reposaba su armadura dorada, y más allá, pastaba su montura. Se sentía satisfecho de salir airoso de tal contienda. Había sido duro, el sudor aun era visible en su frente y seguro que, tarde o temprano, los efectos adversos empezarían a aflorar. Un aire cálido se escapó por el final de su espalda dejando quemazón tras de sí. Era la primera evidencia… ¡Y es que atreverse a hacer frente a una fabada de su abuela tenía sus riesgos!

@lidiacastro79

Con esta entrada participé en el concurso que promovió Paula De Grei sobre la novela “La sombra dorada” de Luis M. Núñez o como lo conocemos todos en el mundo blogger, Lord Alce. Os invito a visitar su blog y también a adquirir su novela que, aunque la acabo de empezar a leer, ¡promete mucho! Y además está escrita con su característica calidad léxica y esa prosa que deleita los sentidos.

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Cuando llegan

Cuando llegan, lo hacen sin esperarlos, ni buscarlos, de improviso. Puedes estar haciendo tus tareas diarias, en la soledad de tu habitación, en el coche en medio de un atasco… no les importa, ellos no entienden sobre el momento oportuno.
No siempre son claros, acostumbran a estar envueltos en brumas. Y casi nunca se presentan solos, suelen ir acompañados de sonidos, imágenes, aromas, emociones… muchas emociones.
En mi caso: el Canon en D de Pachelbel acompañando una filmación en Beta, pequeñas fotografías familiares en blanco y negro, el aroma del café recién hecho los domingos por la mañana y nostalgia… mucha nostalgia.
Así son los recuerdos.

@lidiacastro79

El compañero Juan Antonio de Tarayuela me ha cedido un espacio en su blog para uno de mis microrrelatos. Tengo que reconocer que, más que uno de mis micros habituales, es una reflexión muy personal. Le estoy muy agradecida a Juan Antonio por pensar en mí. No dejéis de visitar su blog TARAYUELA.

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En la consulta 

Ayer por la mañana fui a la consulta. La charla estuvo bien, porque me encanta conversar, pero me siento engañada. Todo el tiempo hablando de mis padres, de mi relación con ellos, de su relación entre ellos, del trato que tenían conmigo… Y al final, nada. Como en cada ocasión, llega la hora y me voy por donde he venido, sin avanzar y con trabajo atrasado. Les tengo que decir a mis pacientes que son ellos los que tienen que hablar ¡y no, yo!

@lidiacastro79 

Entrada para participar en el Reto 5 líneas del blog de Adella Brac. 

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En bicicleta 

Le encantaba ir en bicicleta, le sentaba fenomenal. Despejaba su mente y desentumecía su cuerpo. Como cada mañana de sábado iba a visitar a su abuela. Todo el mundo sabía cuánto la quería y mimaba. En la cestita de su bici llevaba unas croquetas caseras especialmente preparadas para ella. Les había dado forma usando dos cucharas, como su madre le había enseñado. Lo que nadie sospechaba era que las croquetas estaban hechas de ojos humanos que ella había arrancado con esas mismas cucharas. Sus víctimas, simples mortales que se habían atrevido a mirarla más de la cuenta.

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En el palacio 

Mi nacimiento en el palacio pasó bastante desapercibido, pues no era la primogénita y ni siquiera tenía derecho al trono. Pero mi infancia transcurrió feliz: me encantaba corretear por los jardines, me sentía libre en plena naturaleza; esconderme en la cocina, donde siempre encontraba algo que picar; curiosear por las distintas habitaciones, hasta que las sirvientas me echaban a gritos, pues no toleraban mi presencia. 

Era algo de lo que mi madre siempre me había advertido: “Los humanos no nos soportan, hija, aunque seamos ratas de palacio.”
@lidiacastro79 

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Aprendiz de mago

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Este año mi padre se ha empeñado en enseñarme el oficio. Dice que algún día heredaré el negocio familiar y tengo que conocer todos los aspectos para controlarlo.

A finales de año esto es un hervidero. Sacos y más sacos llenos de cartas que se agolpan por todas partes. Los pajes reales nos las van trayendo. Miles de cartas, tal vez millones. Procedentes de todos los rincones del planeta. Le acabo de proponer sustituir tanto papel por correo electrónico, pero no me ha querido escuchar. Dice que no todo el mundo tiene acceso a internet y además, qué sería de los pajes y de sus familias, se quedarían sin trabajo.

En fin, nada de cambios en el sistema de pedidos. Por cierto, cada carta viene con un sinfín de peticiones. Según mi padre, cada vez es más difícil satisfacer las exigencias de los clientes. El tema de los juguetes y la tecnología está resuelto, nuestros contactos en Oriente nos proporcionan los mejores precios (no siempre la mejor calidad, pero ese es otro tema).

Lo complicado es cuando te piden cosas como que se acaben los exámenes o que vuelva su perro de entre los muertos… Es comprensible el error. Nos llamamos “magos” pero en realidad no realizamos esa clase de magia. Otra de mis propuestas es un cambio de nombre del negocio, para no crear falsas expectativas. Pero mi padre se ha negado en rotundo.

“No voy a cambiar un nombre que ha funcionado durante siglos”, me ha dicho furioso.

Creo que se ha arrepentido de llevarme con él al trabajo y a media mañana me ha mandado otra vez a la escuela. Me ha dicho que voy a tener que estudiar para ganarme la vida porque no me ve futuro en el negocio familiar.

@lidiacastro79

Entrada escrita para participar en el concurso del blog El poder de las letras

 

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¿Dónde estás?

– ¿Por qué me has abandonado? -Grité a los cuatro vientos.

Me pareció verla por los jardines colindantes al castillo, así que me fui tras ella. Salí por la puerta de la cocina que daba a las cuadras. Me escabullí entre todo el personal ocupado en sus quehaceres matutinos y nadie se percató de mi marcha. Recorrí el camino de tierra que separa el edificio principal, de los jardines; crucé la gran explanada cubierta de hierba y estampada de amarillas y diminutas flores; atravesé unos espesos arbustos hasta llegar a la fuente, pero no pude dar con ella.

– ¿Dónde te has metido, inspiración?

@lidiacastro79

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