Hubo un tiempo…

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Pixabay

Hubo un tiempo en que trabajar era sinónimo de felicidad, porque suponía la paz y sustento para la familia. Hubo un tiempo en que las canciones eran entonadas desde el corazón; daban igual los acentos y los timbres. Hubo un tiempo en que se cantaba mientras se trabajaba; ya fuera recolectando fruta, bordando o desplumando aves. Así lo hacía mi abuela: trabajar con alegría, cantar con el corazón.


Mi propuesta para el Reto 5 líneas del blog de Adella Brac.

Este mes se lo dedico a mi abuela, que falleció recientemente (11/02). De ahí, mi ausencia.

Lídia Castro Navàs

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Secreto 10

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SECRETO 10: Estoy tan ilusionada y agradecida que he llenado dos páginas de agradecimientos personalizados al final del libro. Como decía mi abuela: “Es de bien nacida ser agradecida”. Pues eso…

A ella le dediqué un microrrelato en mi primera publicación. Muchos ya lo conocéis, pero os lo dejo a continuación para que hagáis memoria:

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Lídia Castro Navàs

El albaricoquero de mi abuela 

Un gran árbol se levanta en medio de una pequeña huerta. Es un majestuoso ejemplar de copa chata y ramas largas que cuelgan como las de un Sauce llorón. Ese es el albaricoquero de mi abuela. Mi padre lo plantó para ella pues le gustaba mucho su fruta. Y aunque el árbol creció fuerte, nunca dio ni un solo albaricoque.

Hasta una primavera en que sus ramas se llenaron de flores que se convertirían en dulces frutos. Fue la primavera en que mi abuela nos dejó. Nunca llegó a saborearlos. Desde entonces, cada nuevo florecer me recuerda a ella.


@lidiacastro79 


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Recuerdo indeleble

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Entré en la habitación y todos estaban reunidos. Unos, en pequeños grupos, hablaban en voz muy baja; otros, más apartados, tenían la mirada perdida y se mantenían en silencio. El sol de mayo se colaba por los balcones, pero su calidez apenas era perceptible. Y, entonces, la vi a ella: su tez pálida y la inexpresión de su rostro me impactaron. Estaba claro que ese cuerpo hinchado e inerte ya nada tenía que ver con mi abuela.

Lídia Castro Navàs