Acceso a los archivos

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Nokris. Imagen sacada de la red

Había conseguido un pase al despacho de Zavala y eso significaba acceso a los archivos del Orador, que se encontraban allí desde su desaparición. 

Estaba deseando consultarlos, pues tenía que presentar un informe sobre Oryx a mi clan y me asaltaban todo tipo dudas: ¿por qué la colmena abandonó Fundamento?, ¿por qué Oryx mató a Akka?, ¿qué oscuros secretos guardaba la descendencia de Oryx?

Aprovechando mi visita a los archivos tenía que comprobar algo que me había encargado un compañero: ¿por qué él no era digno de conseguir el Águila pescadora* cuando todos los del clan ya la habíamos obtenido? 

Esa sería mi prioridad.

Lo primero que consulté fueron los archivos de la colmena, donde había referencias a Oryx y también a sus hijos. El que destacaba entre ellos era Nokris y no precisamente por ser el más poderoso, sino por todo lo contrario. De hecho, descubrí que había sido despreciado desde su nacimiento por su propio padre al no dominar la espada como su hermano Crota, demostrando así que no era apto para el combate por su debilidad. Era la vergüenza de la familia. No podía competir con ninguno de sus hermanos: ni con la fuerza y la destreza de Crota, ni con Ir Halak e Ir Anûk, que se habían convertido en unas poderosas magas, capaces de matar a quien se atreviera a escuchar su canto de muerte. 

Hacía muchos años atrás su padre, junto con sus hermanas, habían hecho un pacto con los dioses gusano; ellos les ofrecían parte de su poder de la oscuridad a cambio de alimentarlos de formas distintas: conquistando el Universo, con guerra y muerte o simplemente asesinando. 

Nokris optó por nutrirse con conocimientos de lo sacrílego. Era la única salida que le quedaba: fortalecer su sabiduría y ser así el más sabio. Descubrió cómo su padre había obtenido el poder y quiso conseguirlo él también, pero para ello tenía que visitar a los dioses gusano. Estos, al ver que era una deshonra para su padre lo humillaron e ignoraron; todos, excepto uno: Xol, quien se sintió identificado con Nokris al ser también el más débil de su estirpe, pero el que atesoraba más conocimientos oscuros. 

Nokris y Xol pactaron dominar juntos el Universo, empezando por Marte, donde nosotros nos enfrentamos a ellos y conseguimos esa preciada arma. 

Había llegado justo en el punto donde quería. Pero los archivos no me precisaban cómo conseguir el Águila pescadora. De hecho no pude sacar nada en claro sobre ese tema, pero sí que descubrí algo que captó mi atención: resultaba que Xol tenía el poder de resucitar, es decir, el poder de volver a la vida. Y en el pacto que hizo con Nokris, el dios gusano le pasaba parte de su poder. ¿Significaba eso que Nokris podía resucitar después de que los guardianes hubiéramos acabado con él?

Tenía que informar de inmediato a mi clan sobre esto. Y referente a lo del Águila pescadora… ¡sigue intentándolo! 😉

*Lanza cohetes de leyenda con elemento de vacío.


Pedro, un buen amigo virtual, se ha comprado un calendario del 2020 de Destiny (el videojuego al que dedicamos parte de nuestro tiempo) y me ha retado a escribir un relato inspirándome en cada personaje que aparece en dicho calendario. El mes de mayo trae una ilustración de Nokris y esta es la foto que Pedro me mandó el día 1:

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Fragmento del diario de Sjur Eido

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Sjur Eido, Mara y Uldren Sov. Ilustración de Brian Moncus.

Todavía recuerdo el Distributario. Allí vivíamos en paz, en armonía; separados y ocultos… pero a salvo. Sigo pensando que la decisión de buscar al Viajero fue la más acertada; yo misma apoyé a Mara cuando se puso al mando de esa flota, dispuesta a demostrar que los mitos que nos contaban de pequeños no eran solo cuentos para dormir a niños. 

Llegamos al Arrecife sin saber si el Viajero existía en verdad, pero nuestra fe ciega nos condujo hasta allí. Todavía desconocíamos a lo que nos enfrentábamos…

Gracias a Uldren pudimos comprobarlo. Él arriesgó su vida para mostrarnos una imagen holográfica del Viajero cuando lo sobrevoló. ¡Lo había encontrado! 

Tengo grabado en mi retina brillante ese momento: los abrazos, los sollozos, la alegría de todos los que nos encontrábamos a bordo del crucero, reunidos esperando noticias del hermano de Mara. 

Pero algo provocó un silencio repentino… Uldren también nos mostró cómo una nave enemiga surgía de la nada y lo atacaba. Salió con vida porque así lo quisieron los dioses. Pero entonces tomamos conciencia de la terrible realidad. En ese momento fue cuando Mara echó un paso atrás. Quiso mantenerse oculta. 

Esila no estuvo de acuerdo y se marchó con unos cuantos de los nuestros. Los insomnes divididos de nuevo, como en la Guerra de la Teodicia: hermanos luchando contra hermanos. Todo un pueblo muriendo por defender ideas distintas. La guerra civil insomne dejó mella en el afligido espíritu de Mara y ahora volvía a sentir ese mismo dolor. 

Los insomnes encabezados por Esila llegaron al Viajero y ayudaron a los humanos con nuestra tecnología y medicina más avanzadas. En poco tiempo no tardaron en nacer mestizos y pronto los insomnes olvidaron sus raíces, el Distributario, su propia historia… Todo. 

Mientras tanto, yo seguí con Mara y otros insomnes en el Arrecife, hasta que fuimos sorprendidos por un ataque de los caídos. ¡Ya no estábamos ocultos! 

Muchos de los nuestros huyeron. Pero Mara lideró de nuevo la defensa de lo que quedaba de los insomnes en el Arrecife. Y ganamos. Fue entonces cuando se convirtió en nuestra reina; por su valía, por su lealtad, por su nobleza… No había nadie mejor que nos representara. 

En ese momento tomó la decisión de fundar una ciudad de la que los insomnes pudieran estar orgullosos. Le encomendó a Uldren encontrar un poder jamás soñado, para convertirlo en la piedra angular de esa nueva urbe. Él aceptó honroso su misión. 

Meses después volvió cargando consigo una pequeña criatura, que cabía en la palma de su mano. Tanto Mara como yo lo miramos sorprendidas. ¿Qué era eso tan poderoso, capaz de cumplir deseos? 

«Es un ahamkara», nos informó. «Se llama Riven». 

Todo aquello que Mara deseaba, el ahamkara Riven se lo concedía; y de sus deseos crecía cada vez más y más hambriento. 

La civilización insomne empezó a aumentar y a prosperar, siempre ocultos y añadiendo misterios a su existencia.

Hasta que todo se torció… 


Pedro, un buen amigo virtual, se ha comprado un calendario del 2020 de Destiny (el videojuego al que dedicamos parte de nuestro tiempo) y me ha retado a escribir un relato inspirándome en cada personaje que aparece en dicho calendario. El mes de abril viene presidido por una imagen de las “Brumas divalianas” de la Ciudad Onírica y esta es la foto que Pedro me mandó el día 1:

reto destiny abril

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¿Don o maldición?

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Pixabay

Volvía a estar en el ala derecha del Manicomio, esta vez había sido un falso incendio. Los chillidos del perro me alertaron y tuve que allanar esa vivienda para salvarlo. Aunque nadie lo viese, todo estaba ardiendo. Me han vuelto a acusar de tomar drogas, incluso han falsificado los resultados de mis analíticas para probarlo y que nadie investigue. Solo yo sé que tengo el don de ver cosas que nadie más puede… Aunque no sé si debo llamarlo don, pues se ha convertido en mi maldición.


Esta es mi propuesta para el Va de reto, desafío literario del blog de JascNet. Escogí la siguiente noticia:

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Perdida en la quinta dimensión

reto jess marzo

Abrí los ojos y no sabía dónde me encontraba. Miré a mi alrededor y parecía un bosque, como el que tantas otras veces visitaba en mis “viajes”, pero esta vez había algo diferente: relojes por todas partes. Fui paseando entre ellos, como si siguiera un sendero de tiempo y observé que todos avanzaban hacia adelante, como debería hacer un reloj, pero había uno que retrocedía. Me paré a mirarlo con detenimiento. Su movimiento a la inversa casi me hipnotiza. Parpadeé mientras llevaba la mirada al frente. A lo lejos vi otro reloj diferente por su forma, me pareció una clepsidra griega, aunque en vez de contener agua, tenía aire: una especie de fuerza magnética mantenía el viento en movimiento en un recorrido interno y este hacía mover unos engranajes que rodaban sobre sí mismos y estaban grabados con unos símbolos extraños. ¿Qué querrían decirme con esta visión?

Entonces, empecé a escuchar esa música cadenciosa y apareció ella: sus trenzas enmarcaban un rostro que había visto ya muchas primaveras; de su cabello pendían plumas y cintas de cuero, mientras que de su cuello colgaban varios collares de conchas y cuentas. Estaba sentada con las piernas cruzadas y entre ellas tenía un tambor recubierto de pelo marrón y blanco. Con sus dos mazas tocaba el tambor de forma alterna, ofreciendo un sonido un tanto trémulo y profundo. 

Me acerqué a ella, pues supuse que sería la encargada de darme el mensaje esta vez. 

—Hola —dije sin más. 

—No te obsesiones con el tiempo —me espetó sin esperarlo. No hice mucho caso. 

—¿Por qué hay tantos relojes? —la interrogué para ver si podía entender mejor ese mensaje. 

—Es para recordarte que el tiempo es algo terrenal, propio de la tercera dimensión que habitas.

—¿Y qué tipo de reloj es ese tan extraño? —pregunté señalando la especie de clepsidra. 

—Es tu reloj de viento celestial. 

—¿Mío?

—Sí, marca tu tiempo de evolución espiritual. 

Me quedé mirando el funcionamiento de dicho reloj un poco aturdida. 

—Si el viento se mantiene en movimiento y está casi todo en el recipiente de abajo, ¿qué significa?

—Pues que tu tiempo de evolución está llegando a su fin. Pronto recibirás tus dones. 

—¿Dones?

No tuve tiempo ni de terminar mi pregunta cuando todos los relojes empezaron a sonar de golpe. El ruido ensordecedor me obligó a taparme los oídos con fuerza, pues parecía que los tímpanos iban a explotarme. Cerré los ojos al tiempo que cubría las orejas con mis manos. 

Al cabo de unos segundos, todo cesó: el ruido, la música y la visión. 

Aparecí de nuevo en la sala de meditación. El olor de incienso llegó a mi olfato antes de que abriera los ojos de nuevo. Cada vez mis meditaciones era más… vívidas. Ahora me tocaba interpretar el mensaje recibido.


Esta es mi propuesta para el Desafío Literario del blog de Jessica Galera Andreu. Lubra me indicó los siguiente requisitos para el reto:

1- Reloj que retrocede.

2- Clepsidra.

3- Reloj de viento y funcionamiento.

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El titán de un solo ojo

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Me encontraba en el Puerto de las Lamentaciones, en la Luna, librando una batalla encarnizada, cuando algo brillante apareció en el suelo a tres metros de mí. ¡Era un engrama amarillo! Su destello me atrajo como si fuera el mismísimo sol, desatendiendo a mi deber, lo cogí y me dirigí a la Torre para saber de inmediato qué contenía. Los enemigos, desgraciadamente, seguirían invocando pesadillas en los Altares del Dolor durante mi ausencia; así que volvería más tarde para ayudar al resto de guardianes que estaban haciéndoles frente. 

***

—Hola, titana. ¿Qué me traes? 

—Es un engrama exótico, Rahool. ¡Dame algo bueno! —le dije cruzando los dedos.

—Veamos: ¡La máscara de un ojo! Eres una guardiana con suerte.

—Genial… —respondí con desgana al ver lo fea que era.

—¿Qué pasa? ¿Es que no conoces el poder de este casco?

—Lo cierto es que no… 

—Pues deberías, guardiana. Esconde la historia de un titán. Te aconsejo investigar sobre él.

—Por el aspecto de la máscara me temo que su historia no me va a gustar, ¿verdad?

—Yo no soy el más indicado; te recomiendo que hables con Zavala, él te podrá explicar mejor quién fue el titán de un solo ojo.

Llevada por la curiosidad que despertó en mí el criptarca, me fui al mirador, hasta encontrarme con Zavala, el responsable de mi facción.

—Todavía no has completado los contratos de esta semana, guardiana —me recriminó. 

—Lo sé, comandante, acabo de reincorporarme después de una caída que me dejó mellada. 

—¡Eso no es excusa para un titán!

Me sentí como una traidora, pero no quise seguir su juego. 

—La verdad es que venía para hablar acerca del titán de un solo ojo. 

—Interesante… Todo el mundo conoce a San-14, pero la mayoría no sabe de la existencia de este titán que me comentas.

—¿Lo conociste? —pregunté interesada. 

—Sí, lo recuerdo bien… —Apoyó las manos en la barandilla y llevó su mirada nostálgica hacia la Ciudad—. Era el titán más reservado y solitario que ha habido en nuestra facción. Nunca participaba en las Incursiones ni en los Ocasos… Su escuadra estaba formada solo por dos: su espectro y él. Interactuar con otros guardianes le suponía más desafío que enfrentarse a mil caídos. De ahí que su nombre no trascendiera a su leyenda… 

—¿Y el ojo… lo perdió en batalla? —le insté a continuar.

—Sí, pero para llegar a ese momento debemos remontarnos al final de la Guerra de los Poseídos. Él, igual que muchos otros guardianes, llegó a la Zona Muerta Europea en busca de un lugar tranquilo para descansar, después de la lucha incesante. Pero en vez de eso, se topó con la repentina desconexión de la Luz. Las comunicaciones estaban bloqueadas en todo el planeta y eso lo aisló todavía más. Decidió ir hacia al oeste, a la antigua zona de aterrizaje, para volver a la Ciudad, pero allí se topó con los cabal, a los que después conoceríamos como la Legión Roja. La presencia enemiga lo obligó a desviarse hacia la Bahía del Viento, donde se metió en un escondite provisional para evaluar sus posibilidades de salir airoso de la situación. Fue al cobijo de la noche cuando dieron con él y, sabiendo que no tenía Luz, quisieron ver de qué estaba hecho realmente. Les plantó cara, pero lo superaban en número y le dieron una paliza que casi lo mata. Pero lo peor estaba por venir. Uno de esos centuriones mercenarios decidió que le sobraba un ojo al titán; se lo arrancó y lo reventó allí mismo. El cabal le preguntó qué haría entonces sin su ojo; él respondió que tenía otro y lo acompañó de una sonora carcajada desafiando así al centurión. Este, hinchado de rabia, le arrebató el espectro y lo destrozó entre sus apestosas garras. Eso lo hirió más que perder un ojo; era su única compañía, su familia… Antes de que saliera el sol, el titán fue arrojado por un barranco. 

Una daga invisible se me clavó en el estómago en el momento en que el comandante cesó su relato. Un silencio denso nos rodeó. Era una historia tan trágica que costaba de digerir. Sin esperarlo, Zavala, volvió a hablar.

 —Murió con sed de venganza y esta máscara —dijo señalando el casco que llevaba en las manos— es su legado. Ella te señalará la situación de los enemigos que se atrevan a atacarte, aumentará el daño que les infrinjas y acelerará tu curación. ¡Úsala bien! Por el titán de un solo ojo, por su espectro, por su historia… ¡por la Luz!


Pedro, un buen amigo virtual, se ha comprado un calendario del 2020 de Destiny (el videojuego al que dedicamos parte de nuestro tiempo) y me ha retado a escribir un relato inspirándome en cada personaje que aparece en dicho calendario. El mes de marzo viene presidido por un titán que lleva la “máscara de un solo ojo” y esta es la foto que Pedro me mandó el día 1:

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Introspección

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Se despertó en una sala oscura y vacía. Solo la rodeaba la oscuridad y la más inquieta calma. ¿Dónde estaba? No tardó mucho en acordarse… La sabiduría ancestral que había heredado le decía que cada Luna Nueva, cuando la noche era más oscura, hiciera introspección, que meditara hasta conseguir conectar consigo misma. Fue tal el grado de conexión, que consiguió llegar a lo más profundo de su ser: se encontraba en su oscura conciencia.


Esta es mi propuesta para el Va de reto, desafío literario del blog de JascNet.

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Lubra y mi destino

Era la noche de carnaval y ya tenía preparada la máscara que escondería mi identidad: el color dorado y rojo del satén que recubrían toda la estructura, refulgiría bajo las luces del salón del castillo de Zima. El baile de máscaras que albergaba era el más conocido en la región y una invitación a él era el tesoro más codiciado por cualquiera que quisiera hallar su destino. Se decía que en el subsuelo del castillo se escondían los más misteriosos secretos de la vida: magia, alquimia y portales cuánticos se hallaban en ese lugar. Por fin podría terminar la misión que la diosa Lubra me había encomendado tanto tiempo atrás; se trataba de encontrar la parte de mi alma que me faltaba, mi complemento, mi otra polaridad…

Hacía once siglos que Lubra partió mi alma en dos mitades idénticas, pero de distinta polaridad: una femenina, que yo encarnaba, y otra masculina, que viviría de forma paralela a la mía. El objetivo era purificar el karma de forma más rápida que haciéndolo con el alma entera. Y ofreciendo ese conocimiento y ayuda al resto de la humanidad para que despertara al mundo espiritual. El problema era que ninguna de las dos mitades sabríamos eso durante nuestras siguientes encarnaciones. Eso significaba que podríamos coincidir en la misma vida o no; y, de hacerlo, podríamos tener diferente edad, cultura y/o condición.

Según me informó Lubra antes de firmar el contrato en el que aceptaba partir mi alma, cuando hubiera limpiado el karma y estuviera casi purificada, en mi última vida con alma fragmentada, se me permitiría saber toda la verdad y conocer a la persona que encarnaba mi complemento. Llegado a ese punto, tendríamos edades similares y polaridades distintas para volver a unir las dos mitades de mi alma.

Y ese momento había llegado. Llevaba unos cinco años recibiendo información procedente de la Diosa a través de sueños y visualizaciones en las que entendí mi misión en esta vida.

Me dirigí al baile de máscaras con mi vestido de color rojo satén y la máscara a conjunto. Reconocería a mi polaridad a través de sus ojos, su voz o su simple energía… Pero él lo tendría un poco más complicado, pues no habría recibido tanta información como yo, así que tendría que mostrarle mi rostro para que se fijase bien en mí.

El recibidor del castillo, que se mantenía con las puertas de par en par, estaba vigilado por los mozos a quienes enseñé mi invitación. Atravesé el vestíbulo hasta llegar al salón del baile. La gran cantidad de gente que lo llenaba me hizo temer en la imposibilidad de conseguir mi objetivo. Me paseé por el salón, después de coger una copa de champán, como una cazadora escrutando cada mirada en busca de mi presa. Pero parecía que nadie me hacía vibrar el centro del pecho como se suponía que tenía que pasar…

Empecé a pensar que había malinterpretado las señales de Lubra, cuando uno de los camareros, que portaba una bandeja con copas vacías, llamó mi atención. También llevaba máscara, pero al ver de refilón sus ojos brillantes y oscuros, algo en mí explotó. ¡Era él! ¡Había estado buscando entre los invitados y resultó ser del personal de servicio!

Me fui tras él disimuladamente y me metí en la zona de la cocina, donde el bullicio era similar al del propio salón aunque la música quedaba apagada por el repique y choque de las copas y cacharros. El jefe, vestido de blanco impoluto, me pilló husmeando por ahí y con un gesto desagradable me indicó la salida. Algunos de los mozos se giraron y me observaron; entre ellos, el camarero. No podía dejar pasar la oportunidad de que él también me reconociera. En un movimiento rápido tiré del lazo detrás de mi cabeza y dejé caer la máscara como si fuera un descuido. Miré fijamente al camarero, que hasta entonces no había mostrado interés ninguno en mí. Pero, en cuanto nuestras miradas se cruzaron, supe que él también había sentido algo.

El jefe de cocina empezó a vociferar, así que salí de allí corriendo, pues no quería que alertaran a los mozos de seguridad y me acabaran echando a la fuerza.

—Señorita, su máscara. —Sonó una voz tras de mí. Era el camarero y su voz vibró en mi interior como un cosquilleo. 

—Gracias —le dije mientras cogía la máscara de sus manos. Pero él no la dejó ir. 

—¿Nos conocemos? —susurró. No quería incomodarme, pero el impacto sufrid al verme y sentir esa familiaridad le empujaban a saltarse el protocolo estricto que seguro había firmado antes de trabajar en el baile. 

Entonces, le tomé de la mano y lo dirigí a una zona más apartada, donde pudiéramos hablar alejados de miradas indiscretas. Él se dejó hacer sin ser demasiado consciente de lo que estaba ocurriendo.

Nos resguardamos en el ropero, entre los abrigos y pieles de los asistentes al baile.

—No nos conocemos, pero… nuestras almas sí —le expliqué.

—¿Qué? ¿Te refieres a almas gemelas? —dijo perplejo. 

—No. Tú y yo poseemos una parte de la misma alma y ha llegado el momento de que vuelva a estar unida. 

—Pero… ¿Cómo? —Seguía desconcertado. 

—La verdad es que no estoy segura, pero nuestra misión trasciende todo lo que hemos conocido y vivido hasta ahora. Nuestra experiencia supondrá un bien para toda la humanidad…

Sin esperarlo, el camarero, quien ni siquiera me había dicho su nombre, se abalanzó sobre mí y nos dimos un dulce, pero apasionado beso. Ese beso supuso la fusión de nuestras almas en una.

¡Había cumplido mi misión!


Esta es mi propuesta para el Desafío Literario del blog de Jessica Galera Andreu. Mis máscaras me indicaron los siguiente requisitos para el reto:

1- Alguien me pillaba husmeando por un lugar que no debía.

2- Se me caía la máscara y descubría mi identidad.

3- Un beso.

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Lídia Castro Navàs

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Celador de nada

celador de nada

Aterricé en la esclusa seis. No había encontrado a ninguna escuadra disponible a esas horas, así que me dirigí a mi destino sola. Volver al Presidio de los Ancianos reabrió en mí heridas del pasado. Hacía más de cuatro años que no pisaba el arrecife, que no me sometía a los juegos perversos de Variks, el último de la Casa del Juicio. Su voz amenazante rebotó en las paredes metálicas de la enclusa en ese justo momento; sabía que no era él, no podía serlo… desapareció. Se trataba de un sirviente celador que lo imitaba para confundirme. Él era mi objetivo en esa misión.

Avancé haciendo caso omiso a mis pensamientos y me encontré los pasillos atestados de vex y cabal a los que fui sorteando no sin dificultades.

Mi carrera a contrarreloj se complicó cuando accedí a las vías por las que antaño transportaban a los presos a sus celdas. Seguían en funcionamiento, lo que significaba que vagones vacíos circulaban por ellas a gran velocidad cortándome el paso continuamente. Era una situación muy extraña: trenes fantasma, capaces de cercenarme viva, iban y venían en un sinsentido. No pude sino aumentar mi precaución. Alguien me enseñó una vez a pasar esa zona subiéndome a las catenarias de los trenes sin tener que pisar siquiera las vías. Así lo hice y pude atravesar el lugar de una forma algo más segura.

Después de hacer frente a varias oleadas de enemigos en diferentes galerías, un ascensor de energía me aspiró hasta una planta superior: la arena del Presidio de los Ancianos. Ahí empezaba realmente el juego. Me sentí como un gladiador a punto de pelear con una fiera. Con la única diferencia que yo iba a enfrentarme a diversas hordas de bestias alienígenas, mientras debería desmontar unas bombas que iniciaban su cuenta atrás hasta explotar. Mi vida corría un serio peligro, pero mi duro entrenamiento me permitió salir exitosa. Y cuando se abrieron las puertas que guardaban el cofre de la recompensa, no era sino una artimaña más de ese celador con ganas de minar mi confianza. Aunque, por fin, después de caer al vacío en un largo recorrido, podría enfrentarme a él. Era la hora de la verdad.

Esa gran bola escupidora de fuego se encontraba frente a mí, rodeada de aliados que me iban a poner difícil la tarea de acabar con su vida. De nuevo hice uso de mis armas y de mi intelecto para lanzar una ofensiva justo en el centro de su único ojo; su parte más débil. Lo dañé mucho, pero él se defendió encendiendo todo el recinto en llamas de fuego. Solo pude resguardarme detrás de un pilar metálico, como quien busca la sombra para protegerse del sol fuerte en una tarde de verano. Mi energía empezó a fallar cuando la pantalla protectora que había invocado terminó de ofrecerme auxilio. El tiempo iba en mi contra y estaba a punto de caer extenuada. Fue entonces cuando desenfundé el lanzamisiles. No esperé a enfocar con la mira a mi objetivo, pues el proyectil, dotado de bombas de racimo, lo dañarían aunque no le diera de lleno. Fue lo justo y necesario.

Así acabé con ese sirviente celador de nada y pude dar descanso definitivo a Cayde-6, quien pereció entre esas celdas cuando defendía a la ciudad de los presos que escaparon en masa.

¡Descansa en paz, compañero. Que nada interrumpa tu descanso eterno!


Pedro, un buen amigo virtual, se ha comprado un calendario del 2020 de Destiny (el videojuego al que dedicamos parte de nuestro tiempo) y me ha retado a escribir un relato inspirándome en cada personaje que aparece en dicho calendario. El mes de febrero viene presidido por una escena de un asalto y esta es la foto que Pedro me mandó el día 1:

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Consejo al amanecer

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La luz dorada del sol naciente bañaba todo el campo a mi alrededor. Incluso el cielo parecía de oro y no mostraba su típica tonalidad azul. El parque, lleno de vegetación, rebosaba de vida, aunque ni una sola persona deambulaba por ahí a esas tempranas horas. Un camino adoquinado rodeado de verde hierba pasaba frente a un banco metálico, inerte e inalterable ante la maravilla que yo estaba observando y que tanto me emocionaba. Siempre he tenido el anhelo de que alguien se siente a mi lado a observar el fantástico amanecer… Pero nunca he visto cumplidos mis deseos. Me siento privilegiado de haber nacido en esta latitud y disfrutar de tal calidad de vida. Soy feliz aquí y tengo todo lo que necesito. Además, aunque quisiera, no podría irme, pues mis fuertes raíces me lo impiden; no me refiero a raíces familiares, sino a esa parte de mí que me ayuda alimentarme. Envidio a los humanos porque cuando sienten el impulso pueden abandonar su sitio, marcharse… Sé que algunos de ellos, sin tener raíces como yo, también se sientan anclados a un lugar e incluso puede que les sea imposible moverse, por sus miedos, sus condiciones, por el peso de su sistema… Pero realmente pueden hacerlo. Yo no. Yo nací aquí y moriré aquí. 

Mi consejo para esos humanos que se resisten a moverse aun sintiendo que deben hacerlo, porque están en una encrucijada en sus vidas y su felicidad depende de ello, les diría: ¡Muévete, no eres un árbol!


Esta es mi propuesta para el Va de reto, desafío literario del blog de JascNet.

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Padme

reto jess enero

Padme, Milo, sense Chan y Cara

Padme era una joven de piel de chocolate que entrenaba todos los días para ser la mejor guardiana de la luz de toda la galaxia. Los senderos de la lucha empezaban a no ser desconocidos para ella, aunque se dejaba llevar por el miedo cuando aparecía en su campo energético el recuerdo de su anterior entrenador: Milo. 

Milo era un fabuloso guardián de facciones duras y músculos marcados; tenía un gran atractivo para las chicas aprendices como ella. Pero todo lo que parecía bueno en él, lo tenía de malvado. 

Un año antes, Milo había seducido a una jovencita proveniente de las llanuras del norte: Cara. Pelirroja y muy blanca de piel, con la que Padme había conectado desde su llegada a la academia. Cuando empezó a tontear con el entrenador, Padme envidió a Cara más de lo que su instrucción le permitía, pero no intervino. Poco después la chica desapareció dejando una carta de despedida donde decía que Milo le había roto el corazón. Pero Padme no tardó en descubrir que había sido un montaje, pues Milo la había matado en un ataque de celos. Ella destapó el asunto y el entrenador fue expulsado de la academia y condenado al ostracismo, pero antes de irse lanzó una amenaza sobre Padme. Desde entonces, la chica no podía conciliar el sueño ni seguir con la instrucción de forma habitual, aunque se esforzaba por recuperar la normalidad. 

***

Llovía a cántaros cuando la joven salió hacia el templo bien temprano. Todavía no había amanecido, pero era la hora de la meditación con el sensei Chan, quien le enseñaba a controlar sus emociones. Cuando llegó, la puerta del sacro lugar estaba entreabierta y dentro un reguero de sangre la condujo hasta el cuerpo sin vida del sensei, que reposaba sobre las duras losas de piedra del suelo. A su lado había un paraguas, que camuflaba una katana en su interior y que había sido el arma con la que habían arrebatado su vida. En cuanto Padme vio la empuñadura de la katana, con cuero trenzado de forma especial, supo que era de Milo y que faltaba una, pues siempre iba armado con dos katanas mellizas. 

Sintió el miedo recorrer su espinazo y en un rápido reflejo desenvainó el puñal que llevaba en la cintura. Un fuerte impacto por la espalda y la calidez de su propia sangre saliendo a borbotones la sorprendió. Milo la había atravesado con la segunda katana sin que ella tuviera tiempo de reaccionar. Padme cayó de rodillas llevándose las manos al abdomen. 

Milo dibujó una sonrisa en su rostro viéndose triunfador al cumplir su amenaza, pero en un movimiento inesperado y veloz, Padme se puso en pie, giró sobre sí misma y le clavó el puñal a Milo en el cuello, justo en la yugular. Los dos se desplomaron en el suelo al unísono, mezclando su sangre con la del monje. 

El último pensamiento de Padme fue que, aunque ya no sería una guardiana, había vengado a su amiga antes de morir y que el monstruo de Milo ya no volvería a matar a nadie más.


Esta es mi propuesta para el Desafío Literario del blog de Jessica Galera Andreu. Mi objeto era un paraguas.

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