Clepsydris

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Clepsydris era la encargada de cuidar del reloj de arena más importante del mundo: el que marcaba el tiempo de vida de la Tierra. Solo ella sabía con exactitud la cuenta restante del planeta azul, pero no podía modificarla ni avanzarla ni retrasarla; de eso se ocupaban los humanos.

(49 palabras sin contar el título)


Esta es mi participación al reto “Emociones en 50 palabras” del blog de Sadire Lleire.

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Lídia Castro Navàs

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Galletas sorpresa

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Preparé unas galletas y puse villancicos, pues se acercaba Navidad. Mis amigas venían para hablar de la desaparición de nuestra archienemiga. Nos había hecho la vida imposible con sus burlas constantes. Nadie sabía qué le había pasado. Nadie, excepto yo. Solo esperaba que no notaran su sabor en las galletas.

(50 palabras sin contar el título)


Esta es mi participación al reto “Emociones en 50 palabras” del blog de Sadire Lleire.

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Lídia Castro Navàs

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La F

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La F que adornaba su gorra simbolizaba todo lo que quería en ese momento en su vida: un Futuro; encontrar un trabajo de Físico, que es lo que había estudiado, y tener su propio piso, donde vivir con Firulais, su gato. En definitiva, construir aquello que lo haría realmente Feliz.

(50 palabras sin contar el título)


Esta es mi participación al reto “Emociones en 50 palabras” del blog de Sadire Lleire.

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Lídia Castro Navàs

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Perséfone

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Cuando Perséfone, la hija de la diosa de las cosechas, fue raptada por el dios del inframundo, todos los campos perdieron su color y las flores empezaron a marchitarse. Hades había conseguido que Deméter entristeciera hasta el punto de que la eterna primavera desapareciera y diera paso a una nueva estación: el otoño; caracterizada por las constantes lluvias, que no eran más que el llanto de una madre desconsolada; y el alegre color verde fue sustituido por el marrón y el ocre, tonos que mostraban el dolor emocional de Deméter. 

Zeus, el rey de los dioses, se preocupó por la supervivencia de los humanos, pues estos dependían de las cosechas. Intervino en el asunto y logró acodar que durante un período de tiempo, Perséfone volvería con su madre, dando lugar de nuevo a la primavera. Cuando volvía con su raptor, la tristeza de Deméter atraía de nuevo al otoño. Y así en un ciclo incansable que garantizaba un frágil equilibrio entre el mundo real y el mundo de las divinidades. 


Esta es mi participación para el reto “Imagena” del blog de Jessica Galera y está basado en su totalidad en uno de los mitos más característicos de la mitología griega.

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Lídia Castro Navàs

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Desorientado

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Lo encontré desorientado y llorando. El bosque que nos rodeaba era de colores que se entremezclaban de forma psicodélica. Cogí su mano. En cuanto sintió mi contacto, se relajó y así guié sus pasos hacia la luz. Las almas no siempre encuentran el camino y menos cuando son niños. 

(49 palabras sin contar el título)


Esta es mi participación al reto “Emociones en 50 palabras” del blog de Sadire Lleire.

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Lídia Castro Navàs

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Detrás de la biblioteca

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Me gustaba rondar por el callejón de detrás de la biblioteca de la universidad de artes mágicas. Era un lugar con suculentos restos que los estudiantes no terminaban. Lo que allí comía era más apetitoso que lo que encontraba en otros sitios de la ciudad.

Una noche, un joven de primer curso, me vio y se acercó; iba cargado con unos libros  que parecían hablar entre ellos y una varita recién estrenada. Por alguna razón, me sentí bien con ese humano y dejé que me acariciara el lomo. Sentir su contacto, su cariño… fue maravilloso.

A partir de entonces venía a verme todos los días y me traía comida de verdad, ¡no eran restos! Y, sin darme cuenta, acabé durmiendo en su cuarto de la residencia. Me había adoptado y yo era el perro más feliz del mundo. Fue por eso que no dudé cuando me propuso usarme para sus prácticas de transmutación. Me aseguró que podía deshacer los hechizos si los resultados no eran óptimos. Pero no fue así, no pudo eliminar lo que me hizo. Desde esa tarde de otoño, mi voz cambió para convertirse en un estridente maullido.

Ya me lo dijo mi madre: “No aceptes como amo a un mago y menos a un aprendiz”, pero el amor que nos profesamos no entiende de condiciones. Él me sigue queriendo, aun con mis maullidos; y yo a él, aunque vaya a repetir el curso. 


Esta es mi participación para el “Va de reto” del blog de Jose.

 

Lídia Castro Navàs

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