Imprudencia

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Pixabay (retocada)

El hueco del árbol me atrajo irremediablemente; sin ser consciente me deslicé y caí en un abismo sin fin lleno de barro, raíces y oscuridad. Al rato, percibí un punto de luz en la lejanía. Estaba segura de que todos mis huesos se quebrarían. Pero algo me frenó la caída: era un águila majestuosa que emitió un rugido en cuanto un nuevo paisaje se abrió ante nosotros. Volamos entre nubes de algodón y rayos de luz sin creer dónde me había llevado mi imprudencia: había descubierto un nuevo mundo.


Esta es mi propuesta para el Reto de 5 líneas del mes de mayo del blog de Adella Brac.

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Lídia Castro Navàs

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El kokoro

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El kokoro, en aleación con el éter, se convierte en un poderoso elemento; el único capaz de cumplir con la sincronía que lleva a cabo Madame S’habiller, condesa de Trebi, cuando conjura su esfera que abre el campo cuántico. Necesita su esfera para ver el porvenir y teletransportarse, solo así funciona su don. Nadie más en el mundo puede hacerlo; solo ella. Pero el kokoro es un material muy sensible y difícil de conseguir. La gente ambiciona poseerlo, pero se convierte en una joya más para ellos, pues no le pueden dar uso. 

Sus secuaces le informaron que en el Stella viajaría un fragmento de kokoro y podría hacerse con él. Además, dado que en su trayecto pasaba por el tramo de éter, la condesa lo tenía todo pensado: subiría al tren, se dejaría ver en el vagón restaurante con sus mejores galas degustando la cena y se retiraría temprano a su vagón dormitorio para, supuestamente, pasar la noche. Pero, en realidad, aprovecharía para robar el kokoro y bajar del tren durante el paso por el tramo de éter sin ser vista.

Al llegar a la estación del fin de trayecto, ella volvería a estar en su vagón como si nada hubiera pasado, gracias al portal cuántico que habría abierto con ayuda de la aleación, pero el kokoro ya no estaría…

¡Era el plan perfecto! Ahora solo tenía que ponerlo en práctica.


Mi relato para participar en el reto “ImagenA” del blog de Jessica Galera.

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Lídia Castro Navàs

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Pensamientos entre vapor

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El sudor recorre mi espalda y empapa mi nuca. Me entristece pensar que jamás llevaré el vestido que estoy tejiendo, me conformaré con plancharlo, para que la señora que lo compre lo luzca en alguna cena de gala; mientras yo seguiré girando el torno de esta infernal máquina… ¡Maldito vapor!

(50 palabras sin contar el título)


Esta es mi participación al reto “Emociones en 50 palabras” del mes de mayo, del blog de Sadire Lleire.

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Lídia Castro Navàs

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Cada noche…

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Pixabay

Cada noche sueño que

recibo millones de susurros.

Susurros cargados de cariño,

de anhelo,  de complicidad…

Cada noche sueño que

recibo millones de caricias.

Caricias cargadas de afecto,

de pasión, de dulzura…

Cada noche sueño que

recibo millones de besos.

Besos cargados de amor,

de deseo, de ternura…

Cada noche sueño…

cada noche sueño contigo.

 

Lídia Castro Navàs

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Entrada para participar en el Reto 5 líneas del blog de Adella Brac.

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Yereia

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Kithnos, año 373 a. de C.

Hemos tenido que desplazarnos hasta la antigua Grecia, donde, en un recóndito templo de una perdida isla, habita una pequeña comunidad de sacerdotisas, que se encarga de proteger el fuego eterno de la diosa Hestia. Allí reside Yereia; una joven, interna en el santuario desde niña, que posee el don de la aruspicina. Tenemos todas nuestras esperanzas puestas en ella para que, a través del sacrificio de una oveja, pueda ayudarnos a hacer frente a los espectros captores y a restablecer la magia en el templo de Alora. La única incógnita que inquieta mi alma es: ¿podrá su don traspasar el tiempo y el espacio?

 

Lídia Castro Navàs


Esta es mi propuesta para el Reto de “Lo que ves es lo que lees” del blog de Jessica Galera Andreu

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Cambio de vida

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Pixabay

Una sensación muy agradable recorrió mi espinazo cuando ella me acarició. Había tenido que aguantar que me gritaran, que me pegaran, que me humillaran… los malos tratos habían formado parte de mi vida. Pero, en cuanto llegó ella, todo cambió. Me miró con sus ojos llenos de amor y me estrechó entre sus brazos; sentí que volvía a casa, a mi hogar. Ella me salvó… me adoptó y hoy caliento su regazo con mi cuerpo peludo.


Esta es mi participación para el Reto 5 líneas del blog de Adella Brac.

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Dedicado a mi nuevo compañero peludo 🙂

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Lídia Castro Navàs

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La maldición del samurái

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Pixabay

Llegar a ser uno de los mejores samuráis, no fue una tarea fácil: mi vida, basada en la bushido, se caracterizaba por la rectitud, el valor, el honor, el respeto… La lealtad a mi señor era mi única bandera; no le temía a nada, ni siquiera a la muerte. Hasta que un día me encontré cara a cara con ella. El enemigo me tendió una emboscada y solo me quedaba una salida si no quería caer prisionero: el seppuku, el suicidio ritual.

Toda una vida preparándome para ese momento, pero, días antes, había perdido el tanto, el cuchillo para llevar a cabo el seppuku. Un anciano me regaló entonces una daga muy especial, con mango de jade donde había grabado un precioso corcel. No me parecía bien hacer el ritual sin el arma oficial, pero en el momento crucial empuñé esa daga y, aunque extraña y poco usual, no pude hacer más que usarla. No recuerdo el dolor ni la sangre… pero sí recuerdo la oscuridad que me tragó y de la que salí fortalecido. Mi suicidio no me provocó la muerte, sino un nuevo renacer: ahora soy la montura de un guerrero y su más fiel compañero.


Esta es mi participación para el reto de marzo de “Lo ves es lo que lees” del blog de Jessica Galera Andreu.

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Lídia Castro Navàs

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