Conexión totémica

Artista: Desconocido

El dragón rojo lo acompañaba. Lo llevaba tatuado no solo en sus brazos, sino también su alma. Era su tótem, su fuerza, su guía y su luz. Pero debía entrenar para mantener la conexión con él. Ya lo olvidó una vez y no quería volver a pasar por ello. Sin él, perdía sus dones y recuperarlo le llevó años de desorientación y sufrimiento. Era por eso que mantenía una pauta que alternaba el entrenamiento físico y la meditación.


Otra de mis tríadas: Ilustración + microrrelato + música. Recomiendo disfrutar todo a la vez. Espero que te guste.

Lídia Castro Navàs

Bálsamo de esperanza

Ese invierno se presentó cruel y despiadado. En la aldea escaseaban los materiales, como la madera y las piedras, imprescindibles para reconstruir las cabañas derruidas en el último ataque de los enemigos. Cuando ya no creían que nada pudiera salvarlos, apareció la maga de la lechuza. Ella trajo un nuevo material de construcción: el ladrillo. Significó no solo la supervivencia de los aldeanos, sino que fue un bálsamo de esperanza para todos.


Esta es mi propuesta para Escribir jugando de enero, un microrrelato de 72 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

¡Te invito a participar!

Puedes consultar las bases aquí:

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Te aconsejo unos cuantos. Echa un vistazo en el siguiente enlace:

Lídia Castro Navàs

Sintiendo el vértigo

Artista: Michael Parkes

Todavía no le habían salido las alas a su montura, pero era necesario que sintiera el vértigo de las alturas antes de echar a volar. Por eso ella lo llevaba a lo alto de la torre para que experimentara esa sensación única. Ese día el viento soplaba fuerte y una tormenta se estaba forjando en el horizonte. Ninguno de los dos sabía que el caballo jamás obtendría sus alas, pero lo que nadie sospechaba era que volaría sin ellas.


Otra de mis tríadas: Ilustración + microrrelato + música. Recomiendo disfrutar todo a la vez. Espero que te guste.

Lídia Castro Navàs

La maga navegante

Los isleños no habían visto nada igual: la maga llegó navegando, en un transporte que no se hundía en el agua. Les dijo que una grave maldición pesaba sobre la tribu y que ella podía ayudarles. Estaban asustados, pero lo habían intentado todo para evitar las muertes prematuras de los niños. Bajo la luna creciente, esa enigmática mujer invocó una suerte de espíritus de animales, que se repartieron hasta cubrir toda la isla. Antes del amanecer, los espíritus volvieron a fundirse con el fuego y la maga desapareció en su bote. Después de un tiempo, supieron que había funcionado.


Esta es mi propuesta para Escribir jugando de diciembre, un microrrelato de 99 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

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Lídia Castro Navàs

Universo bordado

Con el hilo de la vida enroscado en su rueca, la maga tejía los ciclos de la luna, bordaba las constelaciones y estampaba el cielo de estrellas. Y así, hasta coser todo el Universo. Las personas admiraban el firmamento y pensaban que todo eso siempre estuvo allí arriba, pero lo que no sabían era que la verdadera Creadora se encontraba entre ellas.


Otra de mis tríadas: Ilustración + microrrelato + música. Recomiendo disfrutar todo a la vez. Espero que te guste.

Lídia Castro Navàs

Unión sagrada

Llevaban sus vestimentas habituales, excepto por la corona de madreselva con la que ella decoró su pelo. Debajo de ese árbol, y con el sonido de una lira como único testigo, se juraron amor eterno. Lo que no sabían es que esa unión sagrada conectó sus almas para siempre. Siglos después, en sus respectivas encarnaciones, seguían buscándose sin saberlo. En alguna vida se habían encontrado y se sintieron atraídos, pero existían inconvenientes (edad, condición, distancia…). Hasta que no fueran capaces de recordar conscientemente esa conexión, no podrían volver a unirse.


Esta es mi propuesta para Escribir jugando de noviembre, un microrrelato de 90 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

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Lídia Castro Navàs

La dama de la noche

Artista: Mona Finden

Salía de noche, acompañada de un farol con el que atraía a bellas polillas. Iba delicadamente vestida de seda y caminaba de forma grácil; la melena, larga y brillante, apenas se le movía al andar. Pero su apariencia inocente y juvenil escondía su verdadero propósito: recoger el alma de la siguiente persona de su lista. Lo único que la delataba eran sus manos esqueléticas, que guardaba entre los anchos pliegues de su kimono y solo mostraba al final. Así era la muerte que me visitó.


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Lídia Castro Navàs

Prueba Final

Conseguir el título de Alquimista dependía de ese elixir. Tenía que probarlo delante del jurado. La falta de sueño y los nervios hicieron mella en mí. La última noche explotó el alambique. ¡No tenía tiempo de empezar de nuevo! Recogí el brebaje derramado y lo volví a destilar. Pero, junto con el líquido, recogí algo que no estaba en la fórmula.

Presenté mi elixir crecepelo, bebí un sorbo y mi pelo creció, pero algo más ocurrió. Miré mis manos, me habían desaparecido las huellas dactilares y una cáscara oscura las empezaba a recubrir. ¡Me estaba convirtiendo en un escarabajo!


Esta es mi propuesta para Escribir jugando de octubre, un microrrelato de 99 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

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Lídia Castro Navàs

Confianza

Ser madre de cinco chicas era la peor de las desgracias. ¿Quién defendería las tierras en caso de ataque? ¿Quién lucharía junto a su padre? Nuestro sino era incierto sin un hijo varón. Un día, la hechicera del bosque, me advirtió que tenía que cambiar de pensamiento, que así no dejaría crecer bien a mis hijas, debía confiar en ellas igual que lo haría en caso de ser niños. Seguí su consejo y ahora estamos celebrando la primera victoria de “mi ejército de amazonas”. Ellas danzan alegres levantando sus arcos y su padre y yo no podemos estar más orgullosos.


Esta es mi propuesta para Escribir jugando de septiembre, un microrrelato de 100 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

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Lídia Castro Navàs

Tinta orgánica

Había vivido muchas vidas y, en todas, aprendió a escribir. Lo había hecho sobre múltiples soportes: tablillas de arcilla como mercader en Babilonia, paredes de caliza como escriba en Tebas, mármol como escultor en Carrara, pergamino como fraile en Cluny y ahora papel en lo alto de su torre, donde atesoraba volúmenes cosidos a gruesas tapas de cuero encontrados en sus viajes, traídos desde allende el mar. En esta vida iba a descubrir algo que revolucionaría la historia: una suerte de microorganismo que puede alterar su aspecto y guardar un secreto que no debe ser leído: la tinta orgánica cambiante.


Esta es mi propuesta para Escribir jugando de agosto, un microrrelato de 100 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

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Lídia Castro Navàs