Marvin

 

ludwig

Sonaban las campanas de la iglesia marcando mis pasos hacia la casa de los Ludwig. Hacía más de un siglo que estaba deshabitada y no conseguían venderla a causa de la maldición que se decía que pesaba sobre ella. 

Era mi primer caso desde que saliera de la facultad y empezara a trabajar en esa agencia de investigadores de lo paranormal. Mi jefe me había confiado el caso en solitario y yo no podía estar más entregada, pues resultaba que la maldición de los Ludwig era sobradamente conocida en todo el condado; eso me hacía ser consciente de la importante tarea que se me había asignado. 

Cuando sonó la última campana anunciando las nueve de la mañana, llegué hasta la verja de la propiedad. Fruncí el ceño al dirigir mi mirada dentro y ver el aspecto lúgubre y dejado de los alrededores. «¿Cómo quieren venderla en este estado?», me pregunté perpleja.

Empujé la verja y un chirrido acompañó su apertura. Las enredaderas habían anidado en las bisagras y me dificultaron la entrada, pero con un poco más de fuerza de lo habitual, pude con ella. 

Mientras me acercaba a la puerta principal del edificio, intuía el sendero de piedra del suelo que había sido invadido por las malas hierbas; la dejadez del lugar me dejó atónita, una vez más. Toqué al timbre y resonó en el caserón con un eco propio de una catedral. 

La puerta se entreabrió y una voz desde el interior me invitó a pasar. Era Marvin, con quien había hablado por teléfono. Su familia estuvo al servicio de los Ludwig antes de su desaparición. Él mismo me afirmó que tenía pruebas de lo que les había pasado. 

Nos sentamos en la mesa de lo que parecía un salón con paredes desconchadas y ventanas llenas de polvo y telarañas. Las sillas, que estaban cubiertas por sábanas blancas, eran mullidas y con respaldo alto. Aunque no pude apoyar la espalda pues la tensión del momento me lo impidió.

Marvin era la persona viva más cercana a los Ludwig, o la que yo había podido encontrar. Al hablar con él por teléfono me había asegurado que conocía todo lo ocurrido por un diario que su abuela había escrito mientras servía en casa de los Ludwig. Allí relataba muchas cosas. 

Nos habíamos citado en la casa, pues quería aprovechar la ocasión para visitar el lugar de los hechos y a la vez conocer el contenido de ese diario. 

Cuando ya estábamos sentados, me ofreció un café en un vaso de papel de usar y tirar que había comprado de camino. Le agradecí el detalle, aunque yo no bebía café. Por educación no lo rechacé, pero lo dejé enfriar sin siquiera probarlo. 

Saqué mi móvil y encendí la grabadora de voz, pero él me frenó. No quería que nada de lo que dijese saliera a la luz. Le comenté que no era periodista, pero que como investigadora, tarde o temprano, lo que iba a descubrir se sabría. 

Entonces se abalanzó sobre mí sin mediar palabra y me rodeó el cuello con sus manos. La presión que ejerció me dejó sin respiración y empecé a verlo todo borroso. No supe reaccionar, me cogió por sorpresa. 

Caí muerta, asfixiada.

Lo que pude ver a continuación, cuando mi alma se separó de mi cuerpo, fue lo que me reveló la verdad. Allí estaban los espíritus de toda la familia Ludwig; ellos me explicaron, ante mi atónita mirada, lo que les había pasado.  

Marvin me había mentido, ni siquiera se llamaba así, se trataba de John Chapman y era el exmilitar que estaba a cargo de la casa de los Ludwig. Arrastró mi cuerpo inerte hasta el sótano y allí lo arrojó a un foso. Luego lo cubrió de tierra y, finalmente, volvió a colocar los maderos que formaban parte del suelo. 

John no era una persona corriente, sino que se trataba de un demonio inmortal. Pero la familia no lo supo a tiempo. Igual que yo. Después de luchar en varias guerras y cansado de la vida de trincheras, se retiró de los campos de batalla y decidió probar suerte con una vida mundana. Entró a servir en casa de los Ludwig; al principio, todo fue bien, pero pronto empezó a echar de menos la sangre y la destrucción. El odio que atesoraba en su corazón iba creciendo día a día, hasta que no pudo frenarlo más y decidió matarlos a todos. Incluso a su mujer y a su propio hijo de tan solo cuatro años. Se deshizo de los cuerpos en la caldera de la casa y luego se marchó sin ser visto. 

He aquí el secreto de la maldición de los Ludwig, que desaparecieron de un día para otro sin dejar rastro. Ahora ya conocía el enigma, pero jamás podría contárselo a nadie. De hecho, mi desaparición al hacerme cargo del caso, acrecentó todavía más el misterio sin resolver. Y así seguiría por los siglos de los siglos. 


Esta es mi propuesta para el Desafío Literario del blog de Jessica Galera Andreu.

casa ludwig

Lídia Castro Navàs

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20 pensamientos en “Marvin

  1. Muy bueno, Lídia. Esa atmósfera que va creciendo hasta hacerse asfixiante, presagiando el destino de la Prota. Y el desenlace terrorífico y genialmente hilado. 😍
    A ver, que se me ocurre a mí. 😅
    Felicidades por el relato. 😉👌🏼

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      • Te he enviado un correo para aclararte mi comentario 😘

        Hubo a principio de los 70 en TVE –la única de entonces– un programa de humor de mucho éxito que tenía como estrella al humorista argentino Joe Rigoli, fallecido no hace mucho. Interpretaba Rígoli dos personajes, uno de ellos era Felipito Tacatún. El bueno de Felipito hacía reír no por el ingenio de sus chistes sino por los gestos y caras raras que ponía. Una de sus muecas más graciosas era la del final de todos los programas concurso que representaba, en los que se despedía con un exagerado guiño cómplice a la vez que levantaba el pulgar en señal de aprobación diciendo: YO SIGO. Pues, con poco más que sus caras estrafalarias se mantuvo en TVE hasta bien entrados los ochenta a pesar de que su estrella había languidecido tiempo atrás

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  2. Sister!!! Qué chulada!! Tienes una capaciad impresionante de contar historias cortas que atrapan. A veces pienso que en un relato corto no da tiempo a exponer las cosas y crear esa necesidad de seguir leyendo hasta dar un final que quede cerrado. Luego te leo at i y me llevo un autozasca. Fantástica historia. ¡Muchas gracias de nuevo por estar ahí! ¡MUACK!

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  3. Sin lugar a dudas tu inspiración sigue fluyendo sin parar para regocijo de los que le atraen tus historias llena de misterios. Disfruté de la lectura y de seguro que ya estarás preparando otro libro. Esto estuvo genial.Tu talento es inacabable. Saludos.

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  4. Bueno, me atrevo a venir por aquí y decirte que ojalá te animases a escribir la novela. Qué bonito es ver y disfrutar de tanto talento reunido en estos desafíos. Concuerdo con Jessika, es increíble conseguir esto que tú has logrado. La verdad yo casi nunca puedo escribir sin extenderme.
    Enhorabuena por tu historia, es fantástica.

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