Introspección

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Se despertó en una sala oscura y vacía. Solo la rodeaba la oscuridad y la más inquieta calma. ¿Dónde estaba? No tardó mucho en acordarse… La sabiduría ancestral que había heredado le decía que cada Luna Nueva, cuando la noche era más oscura, hiciera introspección, que meditara hasta conseguir conectar consigo misma. Fue tal el grado de conexión, que consiguió llegar a lo más profundo de su ser: se encontraba en su oscura conciencia.


Esta es mi propuesta para el Va de reto, desafío literario del blog de JascNet.

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Lídia Castro Navàs

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Lubra y mi destino

Era la noche de carnaval y ya tenía preparada la máscara que escondería mi identidad: el color dorado y rojo del satén que recubrían toda la estructura, refulgiría bajo las luces del salón del castillo de Zima. El baile de máscaras que albergaba era el más conocido en la región y una invitación a él era el tesoro más codiciado por cualquiera que quisiera hallar su destino. Se decía que en el subsuelo del castillo se escondían los más misteriosos secretos de la vida: magia, alquimia y portales cuánticos se hallaban en ese lugar. Por fin podría terminar la misión que la diosa Lubra me había encomendado tanto tiempo atrás; se trataba de encontrar la parte de mi alma que me faltaba, mi complemento, mi otra polaridad…

Hacía once siglos que Lubra partió mi alma en dos mitades idénticas, pero de distinta polaridad: una femenina, que yo encarnaba, y otra masculina, que viviría de forma paralela a la mía. El objetivo era purificar el karma de forma más rápida que haciéndolo con el alma entera. Y ofreciendo ese conocimiento y ayuda al resto de la humanidad para que despertara al mundo espiritual. El problema era que ninguna de las dos mitades sabríamos eso durante nuestras siguientes encarnaciones. Eso significaba que podríamos coincidir en la misma vida o no; y, de hacerlo, podríamos tener diferente edad, cultura y/o condición.

Según me informó Lubra antes de firmar el contrato en el que aceptaba partir mi alma, cuando hubiera limpiado el karma y estuviera casi purificada, en mi última vida con alma fragmentada, se me permitiría saber toda la verdad y conocer a la persona que encarnaba mi complemento. Llegado a ese punto, tendríamos edades similares y polaridades distintas para volver a unir las dos mitades de mi alma.

Y ese momento había llegado. Llevaba unos cinco años recibiendo información procedente de la Diosa a través de sueños y visualizaciones en las que entendí mi misión en esta vida.

Me dirigí al baile de máscaras con mi vestido de color rojo satén y la máscara a conjunto. Reconocería a mi polaridad a través de sus ojos, su voz o su simple energía… Pero él lo tendría un poco más complicado, pues no habría recibido tanta información como yo, así que tendría que mostrarle mi rostro para que se fijase bien en mí.

El recibidor del castillo, que se mantenía con las puertas de par en par, estaba vigilado por los mozos a quienes enseñé mi invitación. Atravesé el vestíbulo hasta llegar al salón del baile. La gran cantidad de gente que lo llenaba me hizo temer en la imposibilidad de conseguir mi objetivo. Me paseé por el salón, después de coger una copa de champán, como una cazadora escrutando cada mirada en busca de mi presa. Pero parecía que nadie me hacía vibrar el centro del pecho como se suponía que tenía que pasar…

Empecé a pensar que había malinterpretado las señales de Lubra, cuando uno de los camareros, que portaba una bandeja con copas vacías, llamó mi atención. También llevaba máscara, pero al ver de refilón sus ojos brillantes y oscuros, algo en mí explotó. ¡Era él! ¡Había estado buscando entre los invitados y resultó ser del personal de servicio!

Me fui tras él disimuladamente y me metí en la zona de la cocina, donde el bullicio era similar al del propio salón aunque la música quedaba apagada por el repique y choque de las copas y cacharros. El jefe, vestido de blanco impoluto, me pilló husmeando por ahí y con un gesto desagradable me indicó la salida. Algunos de los mozos se giraron y me observaron; entre ellos, el camarero. No podía dejar pasar la oportunidad de que él también me reconociera. En un movimiento rápido tiré del lazo detrás de mi cabeza y dejé caer la máscara como si fuera un descuido. Miré fijamente al camarero, que hasta entonces no había mostrado interés ninguno en mí. Pero, en cuanto nuestras miradas se cruzaron, supe que él también había sentido algo.

El jefe de cocina empezó a vociferar, así que salí de allí corriendo, pues no quería que alertaran a los mozos de seguridad y me acabaran echando a la fuerza.

—Señorita, su máscara. —Sonó una voz tras de mí. Era el camarero y su voz vibró en mi interior como un cosquilleo. 

—Gracias —le dije mientras cogía la máscara de sus manos. Pero él no la dejó ir. 

—¿Nos conocemos? —susurró. No quería incomodarme, pero el impacto sufrid al verme y sentir esa familiaridad le empujaban a saltarse el protocolo estricto que seguro había firmado antes de trabajar en el baile. 

Entonces, le tomé de la mano y lo dirigí a una zona más apartada, donde pudiéramos hablar alejados de miradas indiscretas. Él se dejó hacer sin ser demasiado consciente de lo que estaba ocurriendo.

Nos resguardamos en el ropero, entre los abrigos y pieles de los asistentes al baile.

—No nos conocemos, pero… nuestras almas sí —le expliqué.

—¿Qué? ¿Te refieres a almas gemelas? —dijo perplejo. 

—No. Tú y yo poseemos una parte de la misma alma y ha llegado el momento de que vuelva a estar unida. 

—Pero… ¿Cómo? —Seguía desconcertado. 

—La verdad es que no estoy segura, pero nuestra misión trasciende todo lo que hemos conocido y vivido hasta ahora. Nuestra experiencia supondrá un bien para toda la humanidad…

Sin esperarlo, el camarero, quien ni siquiera me había dicho su nombre, se abalanzó sobre mí y nos dimos un dulce, pero apasionado beso. Ese beso supuso la fusión de nuestras almas en una.

¡Había cumplido mi misión!


Esta es mi propuesta para el Desafío Literario del blog de Jessica Galera Andreu. Mis máscaras me indicaron los siguiente requisitos para el reto:

1- Alguien me pillaba husmeando por un lugar que no debía.

2- Se me caía la máscara y descubría mi identidad.

3- Un beso.

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Lídia Castro Navàs

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El Papa Gelasio I y su camarlengo

En un día como hoy, 14 de febrero, conviene recordar la historia de un tal Valentín con un poco de humor. Espero que os guste. ¡Feliz fin de semana! 🙂

El Blog de Lídia

Papa_Gregorio_IX Imagen de Google Imágenes

PAPA GELASIO I: Me gustan las fiestas Lupercales que celebraban los antiguos romanos. ¿Por qué no las adaptamos al cristianismo?

CAMARLENGO: Pero se trata de una fiesta pagana que celebra la fertilidad y marca el inicio de la primavera.

PAPA GELASIO I:  Me da igual, quiero incluirla en nuestro calendario.

CAMARLENGO: De acuerdo, pero para hacerlo, necesitamos asociarla a un Santo de nuestra Iglesia.

PAPA GELASIO I: A ver, déjeme pensar… Nuestra tradición es que la fertilidad y la reproducción se den dentro del matrimonio, así que un candidato ideal sería ese médico romano que abrazó la fe cristiana y se convirtió en sacerdote, para poder oficiar matrimonios.

CAMARLENGO: Sí, pero si no recuerdo mal, lo hizo inclumpliendo una ley que había promulgado el emperador Claudio II.

PAPA GELASIO I: ¿Qué ley era esa?

CAMARLENGO: Según el emperador, los solteros y sin hijos eran mejores soldados…

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El amor incondicional

picsart

La gente no comprende que el amor de verdad es el incondicional, el que hace que dos personas crezcan como las ramas de un árbol: compartiendo los nutrientes de sus raíces, la savia de su interior… pero no la misma dirección. Avanzan juntas, pero siendo libres y respetando su crecimiento.

(50 palabras sin contar el título)


Esta es mi participación al reto “Emociones en 50 palabras” del blog de Sadire Lleire.

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Lídia Castro Navàs

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Celador de nada

celador de nada

Aterricé en la esclusa seis. No había encontrado a ninguna escuadra disponible a esas horas, así que me dirigí a mi destino sola. Volver al Presidio de los Ancianos reabrió en mí heridas del pasado. Hacía más de cuatro años que no pisaba el arrecife, que no me sometía a los juegos perversos de Variks, el último de la Casa del Juicio. Su voz amenazante rebotó en las paredes metálicas de la enclusa en ese justo momento; sabía que no era él, no podía serlo… desapareció. Se trataba de un sirviente celador que lo imitaba para confundirme. Él era mi objetivo en esa misión.

Avancé haciendo caso omiso a mis pensamientos y me encontré los pasillos atestados de vex y cabal a los que fui sorteando no sin dificultades.

Mi carrera a contrarreloj se complicó cuando accedí a las vías por las que antaño transportaban a los presos a sus celdas. Seguían en funcionamiento, lo que significaba que vagones vacíos circulaban por ellas a gran velocidad cortándome el paso continuamente. Era una situación muy extraña: trenes fantasma, capaces de cercenarme viva, iban y venían en un sinsentido. No pude sino aumentar mi precaución. Alguien me enseñó una vez a pasar esa zona subiéndome a las catenarias de los trenes sin tener que pisar siquiera las vías. Así lo hice y pude atravesar el lugar de una forma algo más segura.

Después de hacer frente a varias oleadas de enemigos en diferentes galerías, un ascensor de energía me aspiró hasta una planta superior: la arena del Presidio de los Ancianos. Ahí empezaba realmente el juego. Me sentí como un gladiador a punto de pelear con una fiera. Con la única diferencia que yo iba a enfrentarme a diversas hordas de bestias alienígenas, mientras debería desmontar unas bombas que iniciaban su cuenta atrás hasta explotar. Mi vida corría un serio peligro, pero mi duro entrenamiento me permitió salir exitosa. Y cuando se abrieron las puertas que guardaban el cofre de la recompensa, no era sino una artimaña más de ese celador con ganas de minar mi confianza. Aunque, por fin, después de caer al vacío en un largo recorrido, podría enfrentarme a él. Era la hora de la verdad.

Esa gran bola escupidora de fuego se encontraba frente a mí, rodeada de aliados que me iban a poner difícil la tarea de acabar con su vida. De nuevo hice uso de mis armas y de mi intelecto para lanzar una ofensiva justo en el centro de su único ojo; su parte más débil. Lo dañé mucho, pero él se defendió encendiendo todo el recinto en llamas de fuego. Solo pude resguardarme detrás de un pilar metálico, como quien busca la sombra para protegerse del sol fuerte en una tarde de verano. Mi energía empezó a fallar cuando la pantalla protectora que había invocado terminó de ofrecerme auxilio. El tiempo iba en mi contra y estaba a punto de caer extenuada. Fue entonces cuando desenfundé el lanzamisiles. No esperé a enfocar con la mira a mi objetivo, pues el proyectil, dotado de bombas de racimo, lo dañarían aunque no le diera de lleno. Fue lo justo y necesario.

Así acabé con ese sirviente celador de nada y pude dar descanso definitivo a Cayde-6, quien pereció entre esas celdas cuando defendía a la ciudad de los presos que escaparon en masa.

¡Descansa en paz, compañero. Que nada interrumpa tu descanso eterno!


Pedro, un buen amigo virtual, se ha comprado un calendario del 2020 de Destiny (el videojuego al que dedicamos parte de nuestro tiempo) y me ha retado a escribir un relato inspirándome en cada personaje que aparece en dicho calendario. El mes de febrero viene presidido por una escena de un asalto y esta es la foto que Pedro me mandó el día 1:

reto febrero destiny

Lídia Castro Navàs

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¡Sorteo realizado!

abigail sorteo

Si te acuerdas, a principio de año te dije que realizaría un sorteo de un ejemplar en papel de mi última novela “Abigail” entre todas las participaciones del reto Escribir Jugando del mes de enero. Pues bien, ya he realizado el sorteo y lo he grabado para que puedas verlo. Aquí lo tienes:

¡FELICIDADES A LA PERSONA GANADORA! Que se ponga en contacto conmigo para hacerle llegar el premio (puede escribirme AQUÍ).

Y muchas gracias al resto de personas participantes que hacéis que el reto aumente cada día en número y calidad. ¡Abrazos! 🙂